Por Luis Morales Trujillo

Hay ciudades que se borran del mapa, pero nunca del alma. Potrerillos es una de ellas. Hoy, 1 de abril, en el Día del Historiador, no podemos evitar volver la mirada hacia aquellos hombres y mujeres que, armados de paciencia, archivos y, sobre todo, de un profundo amor por nuestra tierra, se han convertido en los guardianes de nuestra memoria colectiva.

A ellos les debemos que el viento del desierto no se haya llevado los ecos de la fundición, las risas en las plazas o el trajín diario de las familias que forjaron su vida a más de tres mil metros de altura. Su trabajo minucioso no es solo un ejercicio académico; es un acto de resistencia contra el olvido. Gracias a su esfuerzo, el recuerdo de nuestro campamento sigue latiendo con la misma fuerza de antaño.

El hito más grande de esta cruzada por el rescate histórico quedó sellado en las páginas de nuestra legislación con el Decreto N° 14, el documento oficial que dictaminó a Potrerillos como Patrimonio de Chile. Este logro no fue casualidad; fue el resultado de años de investigación, de recopilar testimonios, fotografías y documentos que demostraron al país entero el valor incalculable de nuestra historia minera y humana.

Detrás de ese decreto hay horas de desvelo de historiadores y colaboradores que entendieron que el patrimonio no son solo paredes de concreto o fierros viejos, sino el espíritu de un pueblo que se niega a desaparecer.

Hoy abrazamos a quienes escriben y preservan nuestra historia. A los que nos ayudan a recordar de dónde venimos para entender quiénes somos. A todos ellos, gracias por mantener a Potrerillos eterno en el corazón de Chile. ¡Feliz Día del Historiador!

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