Por la redacción cultural
A veces la historia nos deja solo los nombres en frío, pero detrás de cada veterano de la Guerra del Pacífico hay una vida que late, que sufrió y que amó profundamente a su tierra. Ese es el caso de María Quiteria Ramírez Reyes, una vecina nacida en Illapel a quien sus compañeros de armas, con profundo respeto y cariño, apodaron «María la Grande».
Imagínense por un segundo lo que debió ser para ella tener 28 años, ser expulsada de su casa en Iquique por el estallido de la guerra y terminar durmiendo en la playa, desamparada, esperando un barco que la trajera de vuelta. Lejos de rendirse, María usó lo que sabía hacer: con sus manos de costurera empezó a confeccionar uniformes en Antofagasta. Su temple era tal que el Comandante Eleuterio Ramírez no dudó en ofrecerle un lugar como cantinera en el Regimiento 2° de Línea.
Desde ese momento, su vida se convirtió en una película de coraje y resistencia. Vio caer a sus amigos en el desierto, fue tomada prisionera en la sangrienta batalla de Tarapacá y cruzó valles inhóspitos sufriendo hambre y sed extrema. Cuando fue liberada, en vez de volver a casa a ponerse a salvo, decidió seguir adelante con sus «muchachos». Llegó a las puertas de Lima y, en el momento más duro de la batalla de Chorrillos, cuando su barril de agua se vació, no lo dudó: tomó un fusil y fue a pelear al frente junto a sus compañeros.
María volvió a Chile enferma, con el cuerpo resentido por el desierto, pero con el alma llena al ver a la gente aplaudir en las calles de Valparaíso y Santiago. Luego rehízo su vida, encontró el amor, fue madre y descansó finalmente en 1929 en el mausoleo de Ovalle. Su relato no es el de un monumento de bronce; es el de una mujer de carne y hueso que lo dio todo para que nosotros, hoy, tuviéramos un futuro.
En el Capítulo 193 de «Potrerillos: Su Cultura y Más», vamos a conocer de verdad a María Quiteria Ramírez. No se trata solo de fechas o batallas; se trata de mirarla a los ojos a través del tiempo, entender sus miedos, sus dolores y su tremendo amor por Chile.
¡Viva Chile, viva nuestra gente!
