Por Raúl Castillo Castillo
La democracia constituye una manera de convivir pacíficamente, priorizando el diálogo, la igualdad política, la representatividad y la tolerancia.
El eje esencial de la democracia consiste en que las personas nacen libres e iguales, en dignidad y derechos.
Por su parte, el Estado se encuentra al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo que debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización material y espiritual posible.
Los espacios públicos son lugares de libre acceso, uso social y propiedad estatal, destinados a la satisfacción de necesidades colectivas, cuya finalidad es fomentar la integración social, el esparcimiento y el fortalecimiento de la ciudadanía. La interacción social, en los espacios públicos, desencadena lazos invisibles de pertenencia a una comunidad. De allí que surja la interrogante acerca de si los espacios públicos contribuyen al desarrollo y fortalecimiento de la democracia.
Ciertamente, los espacios públicos constituyen el lugar de encuentro de los miembros de la comunidad; en estos lugares interactuamos con otros individuos y desarrollamos libremente nuestras actividades.
La convivencia, en los espacios públicos, permite el desarrollo de nuestras individualidades y competencias, bajo reglas recíprocas de aceptación y respeto de las diferencias, mediante un trato fraterno, indispensable para el desarrollo de la democracia. Por tanto, si en los espacios públicos existe un trato fraterno, es indudable que esta actitud ha de trasladarse al ejercicio de la democracia.
De allí, que constituya un deber del Estado, crear y mantener adecuadamente infraestructura y espacios públicos que constituyan puntos de encuentro de la ciudadanía, sean plazas, barrios, calles, paseos, parques, etc.; que generen las condiciones básicas para el desenvolvimiento de los miembros de la sociedad, en un ambiente de respeto y fraternidad.
El Estado, bajo este prisma, debe promover que los espacios públicos contribuyan a la materialización del principio de trato igualitario.
Si el Estado dispensa un trato igualitario en la creación y mantenimiento de los espacios públicos, se provoca en los habitantes un sentido de pertenencia con el barrio, villa, pueblo, ciudad y país; quedando indisolublemente unidos los afectos de los individuos con la patria.
Asimismo, el Estado debe evitar la segregación social, consistente en la generación de espacios públicos que proyecten un trato desigual y discriminatorio a diferentes sectores poblacionales, barrios, comunas, ciudades y pueblos.
A modo de ejemplo, un parque o una plaza, en un sector acomodado de una ciudad, no debiera ser desigual respecto de una plaza o parque en un sector desposeído o vulnerable.
Los espacios públicos, entonces, generan conciencia compartida, nos convierten en habitantes fraternos, nos invitan a ser miembros de una comunidad, en que se unen el esfuerzo personal, la independencia individual y los deberes con la comunidad.
Por otro lado, el Estado debe procurar que los espacios públicos sean lugares seguros, para que sus habitantes puedan desarrollar sus actividades sin temor a sufrir atentados o menoscabo a sus personas y bienes.
Ninguna nación cuyos habitantes temen caminar por sus calles goza de buena salud; el aislamiento envenena la convivencia pública.
Si se abandonan los espacios públicos, estamos degradando la convivencia social y comunitaria, de este modo, afectamos la interacción social de los miembros de la comunidad, socavando los pilares de la democracia.
Debemos enfatizar que ninguna nación que se tiene que esconder tras puertas cerradas es libre, porque se halla prisionera de su propio miedo, provocando que los espacios públicos se degraden en lugares sin sentido de pertenencia y abandonados a las incivilidades y prácticas delictuales.
Constituye un deber del Estado proveer a sus habitantes de espacios públicos seguros, en que convivamos y compartamos, sin discriminaciones, bajo el principio de igualdad y trato igualitario.
Por lo mismo, si el Estado provee espacios públicos dignos, igualitarios y seguros, podremos decir: yo he ayudado a construir este país, soy partícipe de nuestra democracia, así como de sus grandes proyectos e iniciativas públicas.
El autor es nacido en Potrerillos y abogado de la Universidad de Chile
